
Leí una nota llamada Why Portland’s Public Toilets Succeeded Where Others Failed y pensé en comentarla aquí. Los baños públicos de Portland son un éxito, en resumen, porque no tienen problemas de mantenimiento y son extremadamente resistentes. ¿Pero por qué? Porque antes de diseñarse tomando en cuenta al usuario (un peatón) y al objeto (el baño), se diseñaron tomando en cuenta los usos correctos e incorrectos que el usuario históricamente le da al objeto.
El equipo de diseño realizó una investigación de por qué no funcionaban los baños públicos en ciudades similares (para tener claro lo que no había que hacer) y llegaron a la conclusión de que el diseño estaba totalmente mal, pues trataba de ser confortable y privado, y eso es justo lo que los arruinó. Los baños de Seattle o San Francisco eran destruidos y las personas los usaban para otras cosas, excepto para baño.
Así que en Portland, el brief de diseño era: quien use el baño debe querer salir lo antes posible. Sigue leyendo
Cuando estamos en un evento social y se acerca un fotógrafo para preguntarnos que si nos puede tomar una foto para el periódico, no sacamos la panza y hacemos cara de bobos. Seguramente hacemos lo opuesto: nos preocupamos por no parecer jorobados y esperar que no salgamos con cara de voy a estornudar. A veces publican la foto; ahí nos damos cuenta si salimos bien o no. No tenemos control. Si salimos muy mal, pensamos, así no me veo realmente, ¿o sí?

